sábado, 13 de octubre de 2007

La canción con la que amanecí hoy

El miércoles no pude ir. Pero la música tiene eso: a veces, la presencia es prescindible. Admiro mucho las canciones de Kuropa. Quiero mucho las canciones de Kuropa. Aunque, en cierto modo, sean peligrosas.
Les dejo la letra de "Siete palomas", la canción con la que amanecí hoy.

Tengo un ramito de ilusión pa´ regalarte
Con siete aromas que la brisa me entregó
Siete luceros entre tanta oscuridad
Pétalos blancos de cristal.

Señor, no quiere compartir esta emoción
Regando el suelo con trocitos de canción
Que de una vez se bese el cielo con el mar
Que se entrevere en el dolor del verbo amar

Y que tu voz sea la flor por nacer

Y que tu llanto sea río en la sed
Siete palomas tus manos tus pies
Y un corazón para ver.

Traigo en mi espalda un horizonte soñador
Con siete orillas donde desembarca el sol
Siete caricias entre tanta soledad
Brazos y venas de coral.

Señor no quiere ser cometa y anunciar
Que al otro lado de este infierno hay un lugar
Que se desnuden la mentira y la verdad
Que sean niños los que enseñen a jugar.

Y que tu voz sea la flor por nacer
Y que tu llanto sea río en la sed
Siete palomas tus manos tus pies
Y un corazón para ver.


P.D.: La foto es parte de un proyecto que hice en Narrativa. ¡Qué hinchazón de...!

jueves, 11 de octubre de 2007

Pensando en la Libertad

1
Fuimos a terminar las puertas y las ventanas de las casas que se atrasaron durante el fin de semana. Los reparadores éramos cuatro y había mucho trabajo. Así que decidimos dividirnos. Cada uno agarró un martillo, tornillos y clavos. Y recorrimos, solos, cada una de las casas para ver qué necesitaban.
Eran las seis de la tarde y el sol bajaba. Los ojos de la gente me marcaban la nuca. Imposible no sentir miedo.
Serían unos ocho hermanos los que vivían en aquel rancho del asentamiento Torre 8, en Colón. Tenían los dientes partidos, grises y negros, la nariz llena de moco, y cuando hablaban no se les entendía, eran mellados. Los ocho hermanos tenían retraso mental de cuatro o cinco años, y mientras yo colocaba las ventanas de la nueva casa, me ofrecían su ayuda, repitiendo cada dos minutos: "¿Te sostengo el martillo?". Ellos, más bajos que yo, me rodeaban como a un gran padre. Yo hacía fuerza por soportar el olor a mierda: de los ocho, había cinco que estaban cagados encima.


2
Luchaban entre sí con martillos, saltaban, gritaban, se golpeaban, parecían ajenos, algo felices, quizá.

3
Era lunes, a las diez de la noche, y volvíamos a casa. En silencio. Yo iba en el asiento de atrás, pensando en la Libertad.

lunes, 8 de octubre de 2007

Gases, serrucho y un dedo

-¿Te cortaste?
-... Y sí... son los gases del oficio -y dejó el serrucho.

jueves, 4 de octubre de 2007

Pregunta que hice hace quince años

Terminó de leer la Biblia, y le pregunté, ansioso:
-Y... Dios... ¿Dios existe?
Después de un breve silencio, respondió:
-No sé... la verdá no sé... no me queda claro...

Para mí, la definición de Biblia era: "eso donde está Dios".

Origami

Yo guardo tus grullas, las que me regalaste en secreto. Acercaste tu mano, y estaban ahí, esperando, dos blancas y una azul. Se me arrugaron un poco, confieso, porque no tenía dónde guardarlas y las puse dentro del bolso. Pero cuando llegué a casa las arreglé y las dejé encima del escritorio, las tres juntas.
Habrá motivos, confiemos.

Yo las guardo, no te preocupes, las guardo.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Mensajes de texto

Ya me llegó por varios lados -fuentes confiables y no tanto- que Vila-Matas es bueno.
Fui a la librería.


Había dos señores, el librero y el Pelado.
-Bueno, contame algo, en qué andás, qué has hecho -le dijo el librero.
-Te mandé un mensaje hace tiempo... -respondió el pelado.
-¿?
-Sí. Nunca respondiste... -remarcó.
-Es que cambié de celular... Este es cero nueve cuatro ahora.
-Ahh, pasame, pasame, dale.
Anotaron sus nuevos números de celular.
-Bueno, me tengo que ir -dijo el pelado-. ¿Cuándo nos vemos?
-Te mando un mensaje.
-Dale.
-Dale.

El librero no tenía nada de Vila-Matas ("¿Enrique o Antonio?").

Vida de perros

Un mendigo y un perro.
-Tengo una vida de perros... -se lamentó el mendigo.
-Yo también -dijo el perro.
Ambos quedaron en silencio, mirando las hojas de otoño en el suelo.
Y el mendigo dijo:
-¡Guau!
Y el perro respondió:
-¡Guau!
Y se alegraron de no estar solos en esa vida de perros.

P.D.: Dibujo de Francisco de Goya y Lucientes.

Una mierda haber terminado así

Se fue contra el rincón, se tiró un pedo, y en seguida vino su suegra:
-Germán, comete unos olímpicos…
Germán hinchó sus pulmones para absorber el olor agrio de su pedo, y levantó hombros y cejas. Con cara de Gata Flora eligió el olímpico más pequeño. (Noveno del día).

Germán lleva meses saliendo con Natalia. Luego de amenazas y huelgas de hambre por parte de la prometida, viajan hasta Lavalleja para conocer a la familia de ella. “Al cumpleaños de Zulema”.
Antes de la patética escena del pedo y el olímpico, Germán está en Montevideo. Desayuna jugo de naranja, mate, café con leche, vino y sandía. Según los médicos, eso es ansiedad. En el ómnibus, se empieza a sentir mal. Pero como los baños químicos le dan claustrofobia, debe contener el impulso fecal.
Al cumpleaños de Zulema asisten 38 familiares:
"Nicomedes, él es Germán".
"Nicasio, él es Germán".
"Lilia Blanca, él es Germán".
Promedio de edad: 82, 5.
En cada saludo, Germán sólo piensa en una cosa: El Baño. No quiere ser grosero, así que evade el tema. Al tiempo, junta coraje y dice:
-Mi amor, ¿el baño? -con disimulo, como si se tratara de un ingenuo orín.
Baja la tapa de plástico y se sienta.
Tra. Germán derrama un infierno.
Parecía una máquina de hacer helado. Y sale tanta “cosa”, que en un momento tiene miedo de quedar hueco por dentro. Germán sólo se siente satisfecho cuando la materia, que asciende de forma espiral, le toca los testículos.
Se sube los pantalones, y después de mirarse un segundo en el espejo y esbozar una sonrisa de alivio, aprieta el botón de la cisterna.
El botón de la cisterna no responde.
Germán queda color papel higiénico. Desesperado, a punto de suicidarse, piensa.
Piensa en agarrar el trofeo que dejó en el váter y tirarlo en cuotas por la lavatorio. Pero eso le dejaría mucho olor en sus dedos.
Piensa en envolverlo en una toalla, y tirarlo en la basura de la cocina. Pero atravesar el living con "eso" en sus manos sería imposible.
No sé si logro transmitir bien lo que le está sucediendo a este hombre, pero probablemente se trate de una de las situaciones más difíciles que atravesó en su vida.

Descubre que en la ducha hay una banderola que da hacia la calle. Mira la banderola, mira el váter, mira la banderola, mira el váter. Germán une sus dos manos haciendo, digamos, una "palita humana". Agarra el trofeo con la "palita", y en un pique corto lanza todo "eso" hacia la banderola.
Erra.
Aquello choca contra el azulejo, y resbala lentamente hasta estacionarse en el suelo de la ducha. Una derrapada a lo Pollock queda estampada.
Sale del baño, tranca la puerta, y va directamente hacia su prometida:
-Mi amor, me tengo que ir, tuve un problema familiar.
Y nunca más la llamó. No volvió a saber de ella.
Una mierda haber terminado así.

P.D.: Los nombres de los personajes de esta historia fueron modificados.

Diálogos lunáticos

Dos niños:
-La Luna no está tan lejos..., ¿viste...?
-... -respondió el más pequeño.
-Sí, sí, no está lejos... está ahí... donde la ves...
El más pequeño miró desconfiado. Y luego dijo:
-Bueno... entonces vamos, ¡vamos hasta ahí!

lunes, 17 de septiembre de 2007

Predicción

El chocolate blanco salvará el mundo.