
-Tengo una vida de perros... -se lamentó el mendigo.
-Yo también -dijo el perro.
Ambos quedaron en silencio, mirando las hojas de otoño en el suelo.
Y el mendigo dijo:
-¡Guau!
Y el perro respondió:
-¡Guau!
Y se alegraron de no estar solos en esa vida de perros.
P.D.: Dibujo de Francisco de Goya y Lucientes.
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