Yo guardo tus grullas, las que me regalaste en secreto. Acercaste tu mano, y estaban ahí, esperando, dos blancas y una azul. Se me arrugaron un poco, confieso, porque no tenía dónde guardarlas y las puse dentro del bolso. Pero cuando llegué a casa las arreglé y las dejé encima del escritorio, las tres juntas. Habrá motivos, confiemos. Yo las guardo, no te preocupes, las guardo.
4 comentarios:
¿Mis grullas? ¡Ay Al!, me sonrojo...
Pavote, bobón.
Ummm..., aquí, además de amor, hay confianza.
Yo he visto esas grullas en algún lado...
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