martes, 10 de abril de 2007

Negocios de videoclub

Cuando vi la subasta de películas, entre las cuales estaba Luna de Avellaneda, sentí indignación. Esas películas me pertenecían. A mí. A mí. A mí. Las había pagado yo, yo, yo, con sudor. Y con olvidos. Hice un cálculo mental. Y concluí que más de la mitad de las películas que estaban en ese canasto del videoclub las había pagado yo con mis atrasos. Qué boludo.
Le expliqué mi argumento a la chica que atendía con el fin de obtener algún tipo de descuento, pero la chica que atendía siguió mascando chicle, y mirando una comedia traducida.
Pagué mi película.
Y me fui.

P.D.1: Devolveré puntualmente las películas.
P.D.2: Devolveré puntualmente las películas.
P.D.3: Devolveré puntualmente las películas.
P.D.4: Me enfureció la repetida frase: "Esta película lo dejará sin aliento hasta el final". Todo el mundo que si uno pasa más de tres minutos sin respirar, primero se vuelve azul, como los pitufos, y luego se muere. Evidentemente, los críticos no saben vender. No sólo le garantizan a uno la muerte (que no sería algo tan grave), sino que le dicen explícitamente que no va a conocer el final de la película. Entonces, ¿qué sentido tiene mirarla? Piensan que somos estúpidos.
P.D.5: Por fin, ordenaron el videoclub. Ahora las películas infantiles y las pornográficas están separadas. Las madres ya no tienen que inventarle historias a sus hijos. "¿Esas son las películas que ve papá?". "No. Esas son películas feas".
P.D.6: Devolveré puntualmente las películas.

Verdad, es verdad

"Grabar es tomar algo de uno y ponerlo en un lugar seguro".
Tom Waits

sábado, 7 de abril de 2007

Perros totalitarios

En Semana Santa/Turismo/Criolla/Familia, Montevideo es un eterno minuto de silencio. Aprovecho la tranquilidad para leer en el zaguán. Leo Los orígenes del totalitarismo, de Hannah Arendt.
Me entusiasmo con la idea de que "los movimientos totalitarios usan y abusan de las libertades democráticas con el fin de abolirlas...".
El perro de la chica de enfrente se me acerca. Lee un párrafo en voz alta. Se aburre. Ladra. Y se va. A un metro, me deja una mousse de 600 gramos, hedionda y beige.
Busco relación entre lo que leo y lo que sucede, pero no me queda claro.
La chica de enfrente (¡la dueña!) ni se inmuta. Sigue barriendo. Su vereda. No la mía.

viernes, 6 de abril de 2007

Buscagliadas


No lo intenten en sus casas.

Todo por un tubérculo


-Yo no como papa porque "la papa engorda" -dijo la chica esbelta.
-¿Quién? -dijo él.
-¿Quién qué? -dijo la chica esbelta, de mal humor.
-¿Quién engorda?
-¡Yo! -enfurecida.
-Entonces no está bien lo que dijiste. La papa no engorda. Engordás vos.
Algo hizo crack. Ella le pidió un tiempo.

Dos leyes taximétricas

Taxista: musculosa con "agujeritos" para la respiración; una franela en la panza para que no le raspe el volante (110 kg); pantalón shoging remangado hasta la rodilla.
Me dice:
-Todas tienen derecho.
-...-respondo.
-Sí. No hay mujeres feas sino de "belleza rara".

jueves, 5 de abril de 2007

Dos versiones sobre la perfección

-Yo no soy perfecto -confesó-. Soy pluscuamperfecto.
-¿Eh?
-Sí, soy algo así como una perfección tuneada.
Silencio. Reflexión.

-Yo, en cambio -soltó el otro-, soy pretérito y soy imperfecto.
-Mmm, mirá...-devolvió-, yo más bien soy impertérrito...
La discusión siguió. Igual de sorda. Perfecta.
Cuando se trata de perfecciones, cada uno tiene su versión. Perfecta.

Zeit läuft

¿Qué edad tenés?, le pregunté.
Y la tachuela rubia me enseñó dos dedos de su mano, con la "v" de la Victoria.
Por primera vez me sentí viejo. ¡Uy!

Confesión panaderística

-Estas son medialunas de manteca -me dijo el panadero-. Si las cortás y les ponés jamón y queso, parecen de las compradas.

lunes, 2 de abril de 2007

Sanatorio-supermercado

Resumo un artículo de 87 páginas, publicado ayer, domingo, en La Nación.

Si bien es cierto que no nació de un repollo (como se le dijo cuando era niño), tampoco es cierto que nació de un vientre materno.
La historia es la siguiente.
La madre no podía tener más hijos. Dio a luz a doce mujeres (agrupadas en cuatro grupos de trillizas), pero no fue suficiente. El padre quería, por capricho, simpelemente, un varón. "Total, uno más no cambia nada".
La madre fue al supermercado y vio que junto a la licuadora y la panquequera, en el stand de puntos, había una oferta interesante: "Niños, 250 puntos + 50 pesos", "Niñas, 150 puntos + 20 pesos". (El machismo salta a los ojos).
La cajera le informó que la compra incluia los trámites del registro civil, y un sonajero de regalo. Y que podía elegir el color de pelo. "Me quedan dos morochos y un rubio, señora".
La madre se llevó al rubio.
-Al principio fue traumático -confiesa el niño-, pero después, y gracias a las palabras de una juguera general electric, aprendí a sacarle el jugo a mi situación. Cuando gritan "la p... que te parió" sé que no se refieren a mí. Estoy orgulloso de haber nacido en un supermercado. Si tuviera otra oportunidad, nacería de nuevo.
Al final –la entrevista es la larga-, subraya:
-Lo que me enseñaron esos meses en el súper, no me lo olvido más. Agradezco a todos esos electrodomésticos anónimos que se la jugaron por mí. Gracias, muchachos.


La entrevista despertó gran alboroto en los sectores ultra conservadores, que reconocieron: "La causa de que los supermercados tengan tanto poder es el vacío de nuestra democracia". El gremio "Peluqueros y Sacerdotes" se adhirió a esta denuncia, y agregó que "así como no hay buenos cortes de pelo sin fe, no hay sanatorios sin supermercados". Contundente.