
Rompí un espejo. Un óvalo grande como la mitad de mi cuerpo. Quedó, por decirlo de algún modo, como un mapa lleno de ríos.
Espero que las inclemencias del azar se apiaden de mí. Si Gardel dijo que veinte años (...), siete se pasan volando. Espero.
Ya no jugaré a las cartas. No apostaré mi sueldo en el casino. No especularé con mis acciones. Y no haré nada que implique "suerte".
¡Era tan fácil vivir con suerte!
P.D.: La foto muestra las primeras consecuencias. Quedé colgado del techo. "Ánimo -pienso-, son sólo siete años".










