La mujer sube al taxi. -¿Poison? -inquiere el tachero, mirando por el retrovisor. -Sí... -(desconcertada). -¡Pero lo deforma! -¿...? -Sí, lo deforma. ¡Qué lujo ponerse un Dior y deformarlo de esa manera...! -Eh, bueno..., 18 y Paraguay, por favor.
2 comentarios:
Anónimo
dijo...
Querido Al Nonino: hace pocos minutos te confié mis mas caros recuerdos de una juventud alocada encima de los taxis y me los subiste al blog. Si en lugar del imbécil de Kafka te hablo de Richard Bach por lo menos sería una gaviota en el diván.
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Querido Al Nonino: hace pocos minutos te confié mis mas caros recuerdos de una juventud alocada encima de los taxis y me los subiste al blog. Si en lugar del imbécil de Kafka te hablo de Richard Bach por lo menos sería una gaviota en el diván.
Disculpa, M., sentí que esas historias había que contarlas... (Las historias son más fuertes (y a veces más importantes) que sus protagonistas).
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